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El efecto Westermarck: no te acuestes con tu familia (y II)

Marzo 6th, 2010 by admin | No Comments | Filed in Sin categoría

En la anterior concesión de este crónica nos preguntábamos si el efecto Westermarck tenía un fundamento hereditario y que éste hubiera sido legatario por la selección natural porque el incesto es biológicamente diabólico. ¿Cuánto hay de evidente en ello?

La verdad es que todavía estamos a distancia de una apostilla completa de la evitación del incesto. La evitación del incesto reduce la endogamia y con ello aumenta la producción de hijos sanos, ello podría tener favorecido que el efecto Westermarck se extendiera por toda la población, desde una incidencia muy cese a una presencia muy extendida en sólo diez generaciones (al menos en la teoría de la genética de poblaciones).

Sin retención, además no se han campechano los genes que provocan giro efecto. Tampoco cómo se produce el efecto psicológico entre las personas que se crían juntas: ¿ocurre durante el juego, al yantar juntos, en los intercambios agresivos…? ¿Quizá es el tarado aroma de la otra persona? ¿determinado aguijón óptico?

Se añade más tergiversación al tema del incesto cuando entra en juego la poliédrica influencia cultural, los tabúes del incesto. Muchas sociedades son permisivas con los matrimonios entre primos hermanos, pero los prohíben entre los hermanos.

En sociedades primitivas, el incesto además se asociaba al canibalismo, al vampirismo o a la maldición. En sociedades contemporáneas ha estado siempre fuertemente castigado: en Escocia fue pecado metrópoli hasta 1887. En EEUU, el incesto ha sido pacto como un delito mayor penable con multa, prisión o ambas cosas.

Pero hay excepciones. En algunas culturas, el incesto ha estado rodeado de rituales y limitado a la realeza, y en generalizado han gozado de evidente naturaleza de permisividad entre los incas, los hawaianos, los antiguos egipcios o los dahomeyanos de África Occidental.

mismamente pues, ¿qué relación existe entre el efecto Westermarck, que es biológico, y los tabúes del incesto, que son culturales?

Principalmente hay dos hipótesis. La primera es la de Westermarck: las personas evitan el incesto justo a una regla epigenética hereditaria de la categoría humana que se ha traducido en tabúes. La segunda es de Sigmund Freud: la sociedad se inventa tabúes para evitar la destrucción de los lazos familiares, pues la sugestión entre miembros de la cepa es fundamental e opresor.

Freud odiaba la comunicación de Westermarck. Básicamente porque si Westermarck tenía inestable, entonces Freud estaba desacertado. Su engorroso de Edipo, por excelencia, se desmoronaría.

La testificación vivo se inclina favorablemente hacia Westermarck, y los seres humanos razonan de la siguiente forma, según el acreditado Westermarck:

Soy sexualmente aparente en torno a mis padres y hermanos. Pero, ocasionalmente, pienso cómo sería mantener compromiso sexuales con ellos. ¡Tal especulación es repugnante! El incesto es forzado y antinatural. Alteraría o rompería otros lazos que he provecto con ellos y que debo sostener diariamente para mi acreditado bienestar. El incesto por porción de otros, por prolongación, repugna además a mi perspicacia, y es evidente que además a la de los demás, de modo que los raros casos en los que ocurre deben condenarse por inmorales.

Pero en los tabúes del incesto hay más cosas que el solo injerto de las convenciones culturales en la preferencia vivido. También es posible que las personas observen directamente los enseres de la endogamia, que los niños deformes son producto muchas veces de las uniones incestuosas, afín y como ocurre entre los amerindios tlingit del magistral del Pacífico o los lapones de Escandinavia, que además hablaban de “mala sangre” creado por el incesto.

vía | Consilience de Edward O. Wilson

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