
Los negacionistas del variación climático y otras catástrofes provocadas por la irresponsabilidad humana suelen aseverar, entre otros argumentos, que la actividad del hombre es insignificante como para provocar catástrofes a escala mundial. contemporaneidad presentamos una testificación de lo contrario: la desecación del mar de Aral (entre Kazajstán y Uzbekistán) por la irresponsabilidad humana.
La semirrecta amarilla de la foto representa cerca de la enlace de costa del Aral en los años 1970. La foto es de agosto de 2008 y fue tomada por un mandado de la nasa: nada más las áreas oscuras contienen agua en la actualidad. Una cantidad ridícula respecto a hace tan solo tres décadas, cuando el Aral era el cuarto mar interior más robusto sobre la faz de la zona (tan robusto como la República de Irlanda, con unos 70.000 km2).
ahora en día, el agua cubre nada más un 10% de la superficie original, y el Mar de Aral ya se considera un fiambre geográfico. Kazajstán inició hace cuatro años un software de recuperación de la tajada finalidad (el “Pequeño Aral”, en la tajada cabeza de la imagen) mediante la casa de una presa. No es ni tinieblas de lo que fue el Aral, pero al menos se ha conseguido mover el nivel de las aguas y comienza a resurgir tímidamente la pesca. A costa, ¡como no!, de condenar el sobrante del arcaico mar.
Pero, ¿cómo fue hacedero semejante desgracia? Ya en 1918 las autoridades soviéticas decidieron que los dos ríos tributarios del Aral (Amu Darya y Syr Darya) tenían renta petulante como para convertir extensas áreas desérticas en regadíos. Las autoridades soviéticas pensaban sobre todo en el algodón, el “oro blanco” que debería traer la prosperidad a esas zonas de Asia nuclear.
Durante décadas, se construyeron extensas redes de canales para los regadíos. La mayoría del agua, de hecho, se perdía por evaporación o fugas dada la mala construcción de dichos canales. A aflicción de semejante despilfarro, las autoridades soviéticas conseguieron convertir algunas de sus repúblicas (especialmente Uzbekistán) en grandes productores de algodón.
El coste a pagar fue elevadísimo: la muerte del Aral. En realidad las autoridades soviéticas sabían las consecuencias de sus actos. Lo asumieron como un perjuicio obligatorio. Y evidentemente, en la URSS ningún en su sano teoría osaba amnistiar la voz contra el Politburó y los planes quinquenales.

La línea de costa se fue alejando de las antiguas ciudades portuarias. Los barcos quedaban varados en el secano, la pesca desaparecía correcto al incremento de la concentración de sal, y todo un ecosistema quedaba prácticamente extinguido. Esto se empezó a notar en el clima: cada vez más fugaz y punto adeudado a la frustración del efecto moderador del agua.
Desde finales de los años 1980 el proceso se aceleró de forma espectacular. Al depositarse el agua cada momento más salina en el fondo, la evaporación afectaba solo a las capas superiores, lo que hacía aún más efectiva la acción solar. En 1987 el mar se dividió en dos, y en 1999 el nivel del agua quedó por debajo del canal químico que unía ambas partes.
Lo que ha quedado ahora en el lecho reseco es el llamado Aralkum, un desierto solitario y desinfectado. El polvo que cubre la zona es muy salino (resultante de la evaporacion del agua marina) y tiene gran hormiguero de sustancias tóxicas procedentes de los vertidos industriales que se realizaron durante décadas, y de las pruebas de armamento químico realizadas por el ejército soviético.
Las fuertes corrientes de viento de la jurisdicción llevan este polvo alcaloide a lugares insospechados. Se han encontrado fiambre de polvo del Aral en lugares como Groenlandia, Noruega e además la Antártida.
A todos los que subestiman el poder destructivo del ser humano, espero que la historia del Mar de Aral les sirva para reflexionar sobre ello. Un lago del tamaño de Irlanda convertido en calvero.
Imágenes | NASA, Wikimedia Commons
Etiquetas:
agua en el df
Tags: agua en el df