Tu estado de ánimo depende del estado de ánimo de los demás (I)
Marzo 13th, 2010 por admin | Publicado en Sin categoría.
Cada sucesión más, la memética permite revelarnos que nosotros, de una forma asombrosamente profunda, somos en gran parte una suma de enchufe por punto de la gente con la que tenemos un tornillo cotidiano.
Por esa inestable, el refranero notorio cobra mayor gravedad a la refulgencia de sus nuevos descubrimientos: dime con quién andas y te diré quién eres (no sólo porque tú decidas avanzar con ellos, sino porque ellos acabarán influyendo en tu forma de pensar, en tu estado de ánimo, en tu estado físico, en tu manera de hablar y hasta en aspectos tan peregrinos como tu porcentaje o tu vitalidad cardiovascular).
El impacto emocional de las personas que nos rodean quedo expresado en un puntual cuestionario realizado con estudiantes voluntarios de la universidad de Wurzburg, Alemania.
Los sujetos debían ser todo oídos una voz grabada leyendo un parágrafo muy fastidioso y aburrido, una lectura alemana del tratado de la naturaleza humana, del filósofo David Hume. Ya os lo podéis imaginar: un rollo.
Pero la reproducción tenía dos versiones diferentes. Una ligeramente baile y otra ligeramente decaido. La diferencia entre ambas, sin bloqueo, era tan suave que nadie se percataba de ella a menos que se le indicara expresamente.
Pero lo definitivo es que ambas grabaciones, dependiendo de su tono sutil, determinaban que por consiguiente el don nadie saliera un poco más radiante o un poco más lamentable luego del experimento.
La infiltración del estado de ánimo en los estudiantes era tan poderosa que ésta se producía incluso cuando los sujetos realizaban alguna capítulo que les distrajera de la grabación, como rellenar los agujeros de un tablero de madera. Estas distracciones no permitían que los sujetos entendieran el parágrafo de Hume (y sin distracciones es muy sencillo que nadie lo entendiera realmente), sin bloqueo el contagio de estado de ánimo se producía con la misma intensidad.
O giro de otro modo: no importa lo que digas sino cómo lo digas.
No debemos, no obstante, embarullar estados de ánimo con emociones. Las emociones solemos sapiencia a qué están asociadas. Pero los estados de ánimo surgen sin que sepamos muy hacienda qué nos ha llevado hasta él (de allá proviene, por dechado, lo de “hoy me he levantado con rotura pie”).
En este sentido, el cuestionario de Wurzburg pone de relieve que nuestro creación debe estar repleto de desencadenantes del estado de ánimo. Desde la música ambiental de un ascensor hasta un tono de voz.
Las expresiones faciales de los demás además nos influyen. Lo de que la risa es contagiosa es completamente evidente. Pero también lo es el sobrante de muecas gracias a nuestras neuronas vitral.
Como apunta Daniel Goleman, este vitral de la imitación favorece una especie de puente intercerebral que nos expone a las influencias emocionales más sutiles de quienes rodean. O simplificando: demuestra que somos seres empáticos.
seguidamente hay personas más o menos sensibles, por imaginario (yo me considero hiperestésico, qué le vamos a hacer). Pero en todos nosotros la transacción emocional vía visual se produce además a nivel pasmado.
Imitamos la alegría de un aspecto que sonríe tensando los músculos faciales que esbozan la sonrisa, y esto ocurre de manera automática, no obstante nosotros no queramos. Puede que pensemos que en realidad no ocurre algo de este modo, pero la monitorización de la musculatura facial pone claramente de relieve la afluencia de ese reflexiva emocional.
Edgar Allan Poe tuvo una comprensión intuitiva de este base cuando dijo:
Cuando quiero asimilar lo bondadosa o malvada que es una persona o qué es lo que está pensando reproduzco en mi rostro, lo más justamente que puedo, su giro y no obstante aguardo hasta percatar(se) cuáles son los pensamientos o sentimientos que aparecen en mi perspicacia o en mi corazón que equivalen o se corresponden con esa estilo.
camino | razón social de Daniel Goleman
Etiquetas: ánimo, quiero másArticulos Similares
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