Mujeres con el poder de hombres (y II)

Febrero 22nd, 2010 por admin | Publicado en Sin categoría.

En el artículo preparatorio, viajábamos a los fascinantes pueblos en los que las mujeres tenían una relevancia tan o más elevada que el hombre en muchos aspectos. Pero ¿a qué se deben estas especiales situaciones? ¿Por qué hay culturas más machistas que otras?

Un punto genial es el procedimiento empleado para controlar las fuerzas bélicas y los sistemas de producción de la sociedad.

En una sociedad donde la musculatura y la altura, a causa de la tecnología, ya no son imprescindibles para la guerra ni para la producción temporal, ambos sexos están capacitados idénticamente para desempeñar funciones militares y productivas de alcance vivo. Cuando esto sucede, el estatus afeminado aumenta hasta lograr el estatus masculino.

Mayormente hay diversificación entre sexos si existen aspectos esenciales de la producción o de la valentía bélica que los varones realicen con más eficacia que las hembras. Marvin Harris ahonda en esto:

¿puntada un factor tan infeliz como el control masculino sobre el laborado para explicar el infanticidio femenino, la dote y el percance de que las viudas se arrojen a la pira funeraria de sus maridos? Quizá no, si nada más se piensa en los enseres directos del laborado en la propia agricultura. Pero desde una perspectiva evolutiva esta especialización masculina puso en huida toda una sujeción de especializaciones adicionales que, acumuladas, apuntan efectivamente hacia una comunicación plausible del débil status femenino, en casi todos sus aspectos, en la India septentrional y otras sociedades preindustriales con formas de agricultura semejantes. Al asimilar a arar, los varones aprendieron, como resultado, a uncir y manejar bueyes. Con la invención de la rueda, los varones uncieron bueyes a carretas y adquirieron la división de conducir vehículos de tracción cenutrio. Con ello, pasaron a encargarse del traslado de las cosechas al bazar y de aquí nada más un umbralado les separaba del campo de acción sobre el comercio, tanto local como a larga vastedad. A medida que cobraban gravedad el comercio y los intercambios, se hizo obligatorio ponerse registros, y fue en los hombres que intervenían en estas actividades en quienes recayó la misión de ponerse estos libros.

Estas últimas actividades también originaron que los hombres se convirtieran, tras la invención de la cifra y la aritmética, en el acto sexual alfabetizado. Por esa causa los primeros filósofos y matemáticos conocidos son de sexo masculino.

En el negocio bélico, los hombres, al sofrenar las fuerzas armadas, también controlaron las ramas administrativas superiores del administración, incluidas las religiones estatales.

Y la miseria fijo de reclutar guerreros de acto sexual masculino convirtió la construcción social de la virilidad agresiva en foco de la política nacional en todos los imperios y Estados relaciones. De ahí que, al alborear la época moderna, los varones dominaran los ámbitos político, ermitaño, artístico, sabio, legislativo, químico, comercial y guerrillero en todas las regiones en que la subsistencia dependiese de arados tirados por animales.

El patriarcado pasivo su éxito a estas circunstancias. De modo que el matriarcado sólo puede florecer en sociedades que no dependan nada más de estas circunstancias. Por esa objetividad, en las sociedades modernas se han pillado unos privilegios femeninos incluso superiores a los de las mujeres africano-occidentales: las mujeres ofrecen un beneficio pragmático con salarios inferiores, colmando la demanda de trabajadores del sector de los servicios y la contraseña.

Pero existe una última defensa a la igualdad entre los sexos. A pesar de la relevancia menguante de la fuerza bruta en la guerra, las mujeres siguen excluidas de las funciones de combate en los ejércitos del mundo. ¿Se puede poner al corriente a las mujeres para que sean tan, eficaces como los varones en el combate armado con misiles balísticos intercontinentales, bombas inteligentes y sistemas de artillería informatizados? No veo razón para ponerlo en envidia. Pero las mujeres deben animarse si desean ejercer presiones para obtener la correlación de oportunidades en el terreno de batalla o para obtener algo distinto: el techo de la querella y el término de la necesidad social de criar guerreros de peaje machista, trátese de varones o de hembras.

camino | Nuestra colección de Marvin Harris

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