La longevidad femenina: ¿El machismo influye? (I)

Febrero 11th, 2010 por admin | Publicado en Sin categoría.

independientemente de dónde establezcamos el apartamiento, las mujeres viven de 4 a 10 años más que los hombres. Esta diferencia de la esperanza de vida, a más, ha ido aumentando con el tiempo.

Por tipo, en 1920, entre las norteamericanas de raza blanca, la salida de vida nada más superaba en 8 meses a la de los hombres blancos. Actualmente, la supera en 6,9 años. En el mismo año, los hombres norteamericanos de la comunidad negra vivían más que sus mujeres. ahora, las estadounidenses de raza negra viven 8,4 años más que los hombres de su misma cepa.

Estas diferencias crecientes está creando un reciente terreno demográfico y social: cada momento hay más viudas, cada sucesión más mujeres deben cuidar a sus maridos achacosos.

¿A qué se debe esta oposición en la duración que, tal momento, debiera tenerse en relación en las vindicaciones por la igualdad de sexos?

En su trecho embrionaria, el hombruno humano ya manifiesta lo que parece una incapacidad congéna para aferrarse a la fuerza con tanto seguridad como lo hace la hembra humana. Lo explica de este modo Marvin Harris:

En el periquete de la concepción los fetos de acto sexual masculino superan a los de acto sexual femenino a razón de 115 a 100, proporción que al brotar desciende, sin bloqueo, de 105 a 100, justo al cabeza vigilante de muertes intrauterinas de los primeros. Los neonatos de sexo masculino parecen mostrar análoga desfallecimiento ya que presentan tasas de mortalidad más elevadas que los de acto sexual afeminado.

Pero ¿ésta es una testificación que demuestre las diferencias que existen en la salida de vida de hombres y mujeres? Los fetos y neonatos de sexo masculino, por su tamaño prior, deberían dar en la nariz un maduro contienda para el organismo materno que los de sexo femenino. Aunque además no se conocen hacienda los motivos concretos del deterioro rústico de los embriones de sexo masculino, los partos difíciles con resultado de lesiones desempeñan un papel prominente en certificación con los mayores índices de abortos y de mortalidad perninatal del sexo masculino.

La tecnología médica está evitando estas diferencias en los primeros estadios de la fuerza.

seguidamente viene la cuestión de los cromosomas X e Y. Las mujeres tienen un par de cromosomas X, pero ningún Y. Los hombres, por el nefasto, poseen un X y un Y. Esto conlleva un problema para los varones:

Las mujeres tienen un par de cromosomas X, pero ningún Y; los varones poseen un X y un Y. Al estar su cromosoma X emparejado con otro cromosoma X, las mujeres corren pequeño riesgo de reprimirse consecuencias perjudiciales si un cromosoma X porta un gen ridículo, ya que el otro X con un gen natural puede servir de «apoyo» y refutar el defecto. Los varones con un gen insólito en sus cromosomas X e Y no emparejados carecen de este respaldo idoneidad. De ahí que padezcan con maduro frecuencia de enfermedades hereditarias ligadas al cromosoma X. La distrofia muscular, por pauta, la ocasiona un gen defectuoso en el cromosoma X.

Sin bloqueo, aunque mucho se desconoce aún de los cromosomas X e Y, no hay pruebas que avalen que ellos sean responsables de una diferencia de esperanza de vida que vaya más remotamente de una o dos semanas de diferencia.

¿Qué otras diferencias podrían estar implicadas entonces en la diferencia de longevidad en directorio al sexo? Lo veremos en la próxima concesión de este artículo.

carrera | Nuestra especie de Marvin Harris

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