Spam inteligente

Enero 3rd, 2010 por admin | Publicado en Sin categoría.

Aunque parezca un H2O, al porte de “Inteligencia militar”, el spam puede llegar a ser inteligente y cabal. En un mundo donde se está discutiendo acaloradamente si debemos preservar el copyright a fin de proteger a los artistas o eliminarlo por revelarse como un sistema de compensación económica arcaico, de acuerdo la morriña plantearse que el spam inteligente podría constituir una alternativa simpático.

Muchas películas y series ya se financian con la colocación y apariencia de productos comerciales que en nada alteran el testimonio (sólo es atrezzo) pero que tienen un leñazo publicitario en el consumidor. Es lo que se llama “product placement”. Por eso vemos a determinado figurón catar Coca Cola o teclear en un MacBook.

Este táctica, cada momento más socorrido en un mundo en el que ¡como no! podemos pasar por prominente los cortes publicitarios (haciendo zapping, visionando los contenidos online, empleando dispositivos como TiVo, podría desencadenar una carrera armamentística de marketing entre publicistas llenando de logos corporativos el traje de Batman y expertos en programas de edición borrándolos para mantener inmaculada su concentrado.

La solución, pues, pasa por poblar publicidad que no sea percibida como publicidad suerte como anuncio altamente relevante para nosotros. Tan relevante que podría inducirnos a volcarnos en ella en monopolio, con tanto logro como le profesamos a un capítulo de Urgencias.

A bajo línea, es lo que ya hacen los anuncios de Google Adsense, o de portales como Amazon, que se basan en tu historial como comprador para enviarte recomendaciones.

Esta publicidad personalizada no es una entelequia si ésta surge como resultado del sistema emergente de los utensilios, evaluada y vinculada de forma cibernética al usuario. Es una publicidad genial ascendente, filtrada por los propios usuarios, tanto de forma activa como pasiva.

Sin bloqueo, cabe suponer que podrían dejarse llevar adulteraciones o manipulaciones por pedazo de publicistas para que nos llegaran anuncios que, a priori, no parecen haberse generado a raíz de nuestro apariencia como consumidor. Para evitar este atmósfera, deben estar de moda a cabo dos medidas que Steven Johnson relata ojalá en su portafolio Sistemas emergentes:

primero, necesitamos una regulación anti spam poderosa que asegure que podemos borrarnos de una cinta de correo en cualquier momento sólo con enviar un e-mail. En periquete jurisdicción, los propios sistemas de anuncios inteligentes deberían ser evaluados por la comunidad de usuarios, en sitios de consumidores como Epinions. Obtenemos recomendaciones de libros basadas en nuestra evaluación de otros libros; nos suscribimos a un retrete de recomendación de libros basado en las evaluaciones del profesión. Un vigilante de publicidad que alterara sus filtros para promover los productos más caros vería cargar su rating cuando los consumidores descubrieran que los anuncios inteligentes no eran tan inteligentes después de todo.

Gracias la perspicacia colectiva gestionada por el software que promoviera su emergencia, muy raudo podríamos dejar de necesitar una agrupación de defensa del consumidor: no porque las corporaciones hubieran ganado al Estado sino porque los consumidores habrían aprendido a regularse por sí mismos.

Vía | Sistemas emergentes de Steven Johnson

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