Lo que nos pasa cuando damos muchas vueltas sobre nosotros mismos
Noviembre 23rd, 2009 por admin | Publicado en Sin categoría.
Todos hemos jugado alguna sucesión a rendir vueltas sobre nuestro acreditado semirrecta, como una peonza, hasta que el mundo se pierde de vista. Entonces nos deteníamos de choque y, sin bloqueo, notábamos que seguíamos dando vueltas… además de que nos tambaleábamos como dipsómanos recalcitrantes.
Mientras damos vueltas, los objetos que nos rodean pasan por delante de nosotros en administración contraria a las agujas del reloj. Al detenernos, entonces tenemos la sensación de que la habitación asimilar dar vueltas cerca de de nosotros en sentido enemigo, como si estuviéramos de pie, inmóviles, en el núcleo de un tiovivo.
¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué la cámara sigue dando vueltas cuando nos hemos a medias y, por otra parte, lo hace en la orientación contraria?
Para evaluar si nos estamos moviendo o no, nuestro cerebro se peana en la información de dos fuentes principales: la contraseña que procede del campo visual y la comunicación que proviene del líquido que baña nuestro pabellón interno. Este manjar de dioses además valenza a mantener el contrapeso. Está pudiente por otra parte de la cóclea, donde hay tres pequeños conductos enrollados en bucle denominados canales semicirculares. Al pulimentado que la cóclea, están llenos de transparente y contienen en su interior miles de pelitos microscópicos.
Cuando movemos la testera, el transparente que hay en el interior de los canales semicirculares también se mueve. El líquido desplaza los pelitos, que transmiten señales nerviosas al perspicacia sobre la posición de la vanguardia. Y, en a excepción de de un segundo, el cerebro envía contraseña a los músculos adecuados para que podamos mantener el equilibrio.
Al detenernos de manera brusca seguidamente de haber estado dando vueltas sobre nosotros mismos, el líquido de nuestro oído interior continúa dando vueltas unos segundos más, llevado por la inercia, mientras tanto nuestra visión reacciona en menos que canta un gallo al fin del aspaviento.
En esta sede, los centros hápticos del cerebro captan datos opuestos entre sí: el oído interior informa que seguimos dando vueltas, mientras tanto que los fanales informan que estamos parados.
Para dar con tamaño papelón, el cerebro asume que ambos circunstancias, aunque contradictorios, son correctos: seguimos dando vueltas, pero no lo parece pues el mundo circundante está dando vueltas en torno a la derecha al mismo periodo que nosotros.
mismamente pues, la ilusión de que la morada da vueltas al coscorrón es una lectura sobre la huida de nuestro cerebro para reconciliar los datos contradictorios que recibe.
camino | KidsHealth
No hay etiquetas para esta entrada.Articulos Similares
